Por Daniel Albarracin / Foto Jennifer Rueda

Después de la tormenta no siempre llega la calma. Y eso parece ser una constante en la lucha social en Colombia, entre unos procesos sociales –muy plurales- y unas élites políticas que acaparan la institucionalidad nacional para sus intereses, como imponer una visión sesgada del conflicto armado y las víctimas.

El último ataque que ha marcado a las víctimas del conflicto armado se ha producido desde la dirección del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) contra los proceso de investigación, protección, promoción y difusión de la memoria histórica. Y la posición de diferentes organizaciones para retirar sus archivos de memoria histórica por la falta de confianza y garantía por parte del nuevo director.

Las estrategias para la superación del conflicto armado (iniciando por la reducción del conflicto) han sido diversas, y los resultados dejan en general un salvo poco satisfactorio. Sin embargo la apuesta de “avanzar en lo importante, mientras hacemos lo urgente” puede ser una forma de entender la estrategia del gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), en lo que será la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras (Ley 1448/11), complementada con las acciones militares y las negociaciones políticas con las insurgencias.

Una de las instituciones que surgieron con esta Ley fue el CNMH que tenía como apuesta la construcción de un relato independiente sobre las víctimas dentro del complejo y extenso conflicto armado, con miras a entender qué fue lo que sucedió en más de 50 años de conflicto y contribuir a la construcción de una memoria histórica como primer paso para la No Repetición. Esta compleja labor fue designada a Gonzalo Sánchez, que encabezó incluso antes de la constitución del CNMH en el gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) en el “Grupo de Memoria Histórica de Colombia”.

Con el respaldo que daba la Ley 1448, el CNMH profundizó en sus labores y consolidó sus direcciones, profesionales pero sobre todo una imagen de confianza en la mayoría de víctimas y organizaciones. Algo que no es cosa menor, siendo Santos el presidente y prevaleciendo muchos aspectos de la doctrina militar –del Enemigo Interno- cómplice y responsable de muchas de esas víctimas. Incluso se realizaron importantes trabajos con las misma Fuerza Pública[1].

Pero sin duda el avance en la Dirección de Archivo de Memoria y Derechos Humanos, implicaba interactuar con el respaldo físico de años y años de labor en terreno de organizaciones, víctimas, familiares e instituciones que permitirían profundizar en el entendimiento del conflicto armado, los territorios y las personas. Labor nada sencilla partiendo de que el universo posible llegaba a 80 mil archivos, los cuales podían ser abordados de diferentes formas: apoyo a los custodios encargados de tales archivos, o apostar por la intervención y custodia de los mismos.

Las organizaciones sociales y de DDHH llegaban a confiar en la institucionalidad, al punto de permitir la custodia de sus memorias. Pero como siempre los recursos humanos y financieros eran insuficientes y las metas institucionales era bastante conservadoras, pero muy significativas. Organizaciones y personas de todo el espectro político y condiciones comenzaron a aportar sus archivos para el fortalecimiento y custodia de los mismos, en cumplimiento del deber del Estado, la lucha contra la impunidad y la reparación simbólica de las víctimas.

Labor institucional que se ha fracturado en diferentes puntos desde la firma de los Acuerdos de La Habana-Colon (2017), pues el accionar de la institucional ha sido incapaz de tener una implementación adecuada de los Acuerdos, una respuesta integral al asesinato de líderes y con el resto de sectores sociales. La muerte de líderes como Temistocles Machado (1958-2018) fue un golpe a esta confianza: era la pérdida de un luchador por las comunidades afro y sus territorios en Buenaventura que confió sus archivos al CNMH y dijo: “ya me puedo morir tranquilo”.

Los archivos de graves violaciones a los DDHH, infracciones al DIH, memoria histórica y conflicto armado[2], deben ser considerados como una política pública basada en los principios de acceso a la información y de justicia transicional, así como unas premisas orientadas que permitan la dignificación de las víctimas. Los avances de la Dirección, en cabeza de Ana Margoth Guerero, permitieron la constitución y puesta en funcionamiento del “Archivo Virtual de los DDHH y la Memoria”[3], para su consulta.

La Memoria histórica en vilo

Meses después cuando la victoria de Iván Duque llegó al CNMH se presentó un revolcón total. Gonzalo Sánchez renunció a la par que un gran número de profesionales y llegó, tras varias pujas, Darío Acevedo. Bastante se ha hablado de él, y no profundizaré en ello pero sí en sus acciones en la dirección de Archivo[4]. Acciones como no renovar contratos a la mayoría de profesionales, detener todo vínculo con organizaciones sociales y dar paso a actores sociales vinculados a procesos de victimización como Fedegan.

Tal afrenta de la confianza ha llevado a audiencias de Control Político (Nov/2019)[5] y a la expulsión de CNMH de la red internacional más importante de memoria[6] por la negligencia de la Dirección. Sin embargo, el acto que más preocupa es el retiro de los Archivos de Memoria y DDHH de diferentes organizaciones y personas ante la falta de garantías; así lo demostró la Asociación Minga que en evento público y con el apoyo de diferentes organizaciones, personalidades y profesionales retiró los archivos entregados a la institucionalidad para su resguardo[7]; a lo cual se sumaron muchas más organizaciones.

La amenaza que proclamó un dirigente del Centro Democrático con “hacer trizas ese maldito acuerdo”, implica –entre muchas otras cosas- modificar el enfoque de instituciones como el CNMH y su dirección de Archivo, apuntando a poner un filtro sobre la construcción de memoria, desmotivar a las organizaciones a vincularse a los proceso de construcción de memoria y, en últimas, a reescribir la historia sobre el conflicto armado y las víctimas.


[1] Como la investigación titulada “Esa mina llevaba mi nombre”, que desde la voz de los militares víctimas de Minan Antipersonas (MAP) relatan sus experiencias. http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2016/esa-mina-llevaba-mi-nombre/esa-mina-llevaba-mi-nombre.pdf

[2] Documento de trabajo del CNMH: http://centrodememoriahistorica.gov.co/wp-content/uploads/2020/01/Archivos-de-graves-violaciones-a-los-DDHH.-Infracciones-al-DIH-Memoria-Hist%C3%B3rica-y-conflicto.pdf

[3] http://www.archivodelosddhh.gov.co/saia_release1/ws_client_oim/menu_usuario.php

[4] Ejemplo de su incompatibilidad con la Dirección del CNMH, son sus posturas públicas frente al entendimiento del Conflicto Armado (https://cuestionpublica.com/trinos-dario-acevedo-director-centro-memoria-historica/) y sus acciones ya como director (https://noticias.canal1.com.co/noticias/audio-revelaria-supuesto-plan-del-director-del-centro-de-memoria-historica-para-censurar-proyecto-para-las-victimas/)

[5] https://www.elcolombiano.com/colombia/debate-de-control-politico-al-director-del-centro-de-memoria-historica-FJ11908904

[6] https://www.eltiempo.com/unidad-investigativa/sacan-a-colombia-de-la-mas-importante-red-internacional-de-memoria-historica-458448

[7] Sobre el retiro de archivos: https://asociacionminga.co/index.php/2020/03/04/asi-fue-el-retiro-de-nuestro-archivo-del-cnmh/ y https://www.elespectador.com/colombia2020/pais/retiramos-los-archivos-porque-el-cnmh-esta-trabajando-con-victimarios-asociacion-minga-articulo-907534