Por: Líderes y lideresas de los Montes de María y Miembros de la Mesa Regional de Excombatientes.

Documento elaborado con el apoyo del Movimiento por la Paz (MPDL) y la Comisión para el Esclarecimiento
de la Verdad, para ser leído en el marco del IV Festival de la Reconciliación, organizado por el Espacio Regional
de Construcción de Paz de los Montes de María.

La larga historia comunitaria de Montes de María muestra que la vocación social del territorio es la paz. Durante la Conquista y colonización españolas, las montañas, valles, caños y ciénagas que dan forma a la geografía montemariana sirvieron de escudo protector, tanto para las naciones indígenas que por milenios fueron sus pobladores, como para las etnias del éxodo africano que habían sido desarraigadas y traídas de manera forzada a América. El territorio también fue un refugio ideal para gentes de paz durante las guerras civiles del siglo XIX y las violencias de la primera mitad del XX. Por entonces, expresiones violentas aisladas no impidieron que convivieran poblados indígenas, palenques africanos y aldeas mestizas, en las que el trabajo del campo y la vida en libertad fueron
la constante, a pesar del vigoroso proceso de concentración de la tierra en manos de unos pocos.

Nada diferente a la inequidad del latifundio y sus formas ineficientes de explotación económica, principalmente la ganadería extensiva, explica la autónoma movilización social del campesinado montemariano desde finales de los años 60 del siglo XX, en el marco de una equitativa y necesaria política pública impulsada por el presidente Carlos Lleras Restrepo: la reforma social agraria. De esta manera, las reivindicaciones campesinas se ajustaban a la legalidad y se nutrían de esa vocación de paz desarrollada ancestralmente. Es en este escenario de las luchas y resistencias campesinas que la violencia más agresiva se asomó a los Montes de María. Por una parte, la actitud reaccionaria de quienes defendían el latifundio, y por la otra quienes retaron al orden prestablecido apelando a las mismas lógicas violentas. Se olvidó que si se quiere la paz no hay que prepararse para la guerra, sino para la paz, aunque suene obvio.

La historia reciente de Montes de María nos muestra fuertes tensiones entre la guerra y la paz. Las insurgencias de los años 80 del siglo XX se subieron al bus de los diálogos de paz promovidos por los diferentes gobiernos nacionales de la época, y Montes de María presenció los acuerdos y desmovilizaciones del PRT, el EPL y la CRS, en el nuevo marco político-institucional de la Constitución
de 1991. Sin embargo, el sueño de apertura democrática y la inversión social para la paz, claves para superar las llamadas “causas objetivas” de la violencia, no produjo el efecto esperado. Por el contrario, la violencia social y política arreció con la llegada al territorio de nuevos actores armados: otras guerrillas y el paramilitarismo. Con ellos el escenario de la guerra se radicalizó y la población
civil, en esencia población campesina, llevó la peor parte. Las masacres, los homicidios selectivos, el desplazamiento forzado, los despojos, el reclutamiento forzado, las violencias sexuales, los secuestros, entre otros fenómenos violentos, se apoderaron del territorio.

Los esfuerzos posteriores para defender la vida y la paz en Montes de María no han sido suficientes. La desmovilización de paramilitares no significó el fin del paramilitarismo, sino que este se recicló en otras estructuras dedicadas al narcotráfico, el microtráfico, el sicariato, la extorsión y otras actividades ilícitas, que de manera paulatina acrecientan su presencia y hacen temer un masivo control territorial. Otras voces también hablan ahora de la inminente llegada al territorio de guerrillas recicladas. De manera especial, este escenario se ha vuelto más confuso en los últimos tres años.

Los diálogos y negociaciones de La Habana dieron paso a una nueva esperanza que toca defender e impulsar, después que el grueso de las Farc dejara las armas y se comprometiera a construir sociedad en el escenario de la paz. En este marco, una de las regiones con mayores oportunidades es Montes de María. Sin embargo, este recorrido por su historia regional y la actual realidad de su contexto nos permite identificar la preocupante presencia de los siguientes factores de persistencia de violencia en Montes de María:
– Estructura agraria latifundista, contrarreforma agraria violenta y grandes masas de
campesinos sin acceso a la tierra y al agua;
– Presencia de macroproyectos estratégicos, como la palma africana, la teka y la ganadería
extensiva
– Fluidas dinámicas de narcotráfico y microtráfico en el territorio, ligadas a un fallido proceso
de desarme, desmovilización y reintegración de excombatientes de las AUC;
– Alianzas criminales entre élites, agentes del Estado y grupos criminales ligados al
narcotráfico y el microtráfico;
– Subordinación de autoridades locales a estructuras criminales en algunos sectores del
territorio;
– Oferta de oportunidades a los jóvenes por parte del crimen organizado, que contrasta con
la escasez de oportunidades ofrecidas por el Estado;
– Presencia diferenciada del Estado, corrupción enquistada en la administración pública e
impunidad rampante; y
– Creciente violencia, ya no masiva, sino selectiva.

Esta coyuntura nos ha llevado a abrir un espacio de diálogo social para la defensa de la vida y la paz en Montes de María, integrado por un puñado de líderes y lideresas sociales y por antiguos combatientes de diferentes grupos que en el pasado hicieron la guerra y se enfrentaron, pero que en un momento de decisión histórica renunciaron a la violencia y apostaron por la construcción de
paz. Nuestro propósito fue intercambiar ideas sobre la realidad pasada, presente y futura de los Montes de María, desde nuestra experiencia personal y colectiva, en el entendido de que la paz no es un estado, sino un proceso permanente. Desde este lugar de diálogo, única forma humanística de resolver las diferencias, no permitimos dejar los siguientes mensajes, invitaciones y propuestas:

– Ratificamos que Montes de María ha sido y es, por encima de los conflictos naturales de toda sociedad y las diferentes expresiones históricas y recientes de violencia, un referente histórico de la construcción de paz en nuestro país.
– En este sentido, invitamos a anclar los esfuerzos por la defensa de la vida y la paz de los Montes de María en sus manifestaciones culturales y autóctonas.
– Invitamos también a juntar las luchas sociales y paces del pasado con las luchas sociales y las paces del presente. Es importante promover espacios intergeneracionales para desarrollar lo que en otras regiones se ha llamado “Cátedra del Territorio”. Las escuelas
deberían ser el escenario natural de esta iniciativa, pero también es dable hacerlo en diferentes espacios comunitarios.
– Resulta importante promover la movilización social por la defensa de la vida y la paz. Invitamos a la unidad de las diferentes corrientes sociales que le dan vida al territorio para que este esfuerzo dé sus frutos. Nuestros hermanos indígenas nos han enseñado que los
cuatro pilares de la acción social son unidad, territorio, cultura y autonomía. Nuestros hermanos del pueblo negro nos han enseñado también que el éxito de los procesos sociales esté en la perseverancia de la causa común. Sin la articulación de los procesos sociales será más difícil –y costoso en vidas humanas– alcanzar la paz.
– Defender la paz pasa por defender los procesos sociales del territorio. Invitamos a campesinos, afros, indígenas, mujeres, jóvenes y clase trabajadora a continuar luchando por la conquista y defensa del territorio y de los derechos colectivos e individuales, en un marco
de unidad, paz y reconciliación.
– Defender la paz pasa también por defender el acuerdo de La Habana. Para los Montes de María es indispensable que se avance en la adquisición de tierras para los campesinos sin tierra o con escasa tierra; implementar a fondo los Programas de Desarrollo Rural con
Enfoque Territorial (PDET), para saldar la deuda histórica del Estado con las comunidades rurales de los Montes de María; y luchar por la conquista de las 16 curules para las víctimas, necesarias para agenciar el desarrollo local desde el Congreso de la república.
– Desde nuestras distintas experiencias, procesos e iniciativas de paz, invitamos a los violentos que hoy hacen presencia en los Montes de María a deponer la violencia, a no desangrar a la población, a construir desde las culturas del diálogo y la legalidad.
– Finalmente, invitamos a la sociedad civil montemariana a mantenerse en la idea de que la movilización social y el diálogo son la única solución. Estas voces quieren y necesitan ser escuchadas, por eso también invitamos a la institucionalidad territorial a escucharlas y a
construir con ellas, desde la diferencia.

Los Palmitos (Sucre), marzo 26 de 2021.

Firma,

ESPACIO DE DIÁLOGO SOCIAL ENTRE LÍDERES Y LIDERESAS DE LOS MONTES DE MARÍA Y
MIEMBROS DE LA MESA REGIONAL DE EXCOMBATIENTES DE LOS MONTES DE MARÍA